Aves estivales

Garcilla cangrejera en la Albufera

La rareza británica que aquí es vecina de toda la vida. Descubre por qué la Albufera de Valencia es uno de los mejores lugares de España para observarla.

Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) en la Albufera de Valencia

La rareza británica que aquí es vecina de toda la vida

A principios de junio, un ejemplar de garceta dimorfa apareció en el puerto de Caernarfon, norte de Gales: el primer registro de la especie en toda la historia ornitológica británica. Cientos de birders cruzaron el país en cuestión de horas para verla. La escena no es excepcional: en el mundo del birdwatching, una sola ave fuera de rango puede movilizar a toda una comunidad.

Y no es un fenómeno puntual. El Trust Británico de Ornitología (BTO) documentó algo parecido con la garceta común, especie que hasta los años 80 era solo visitante ocasional en Reino Unido y que hoy supera las 1.000 parejas reproductoras —una expansión que su propia investigación en la revista British Birds atribuye a los inviernos cada vez más suaves—. El Climatic Atlas of European Breeding Birds (Huntley et al., 2008) ya proyectaba este patrón a escala continental: especies mediterráneas empujando sus límites hacia el norte, año tras año.

Aquí, en la Albufera de Valencia, tenemos el reverso exacto de esa historia.

La garcilla cangrejera (Ardeola ralloides) es una de las garzas más discretas y vistosas del Mediterráneo —plumaje ocre y crema en reposo que se transforma en un blanco casi total en vuelo— y la Albufera alberga uno de sus tres principales núcleos reproductores en España, junto al delta del Ebro y Doñana. Cría en los carrizales del parque natural desde finales de abril, con puestas que se prolongan hasta julio, y forma colonias mixtas junto a otras ardeidas.

Para un birder británico, ver una garcilla cangrejera es justo lo que fue ver esa garceta dimorfa en Caernarfon: una rareza que exige planificación, suerte y, probablemente, un comité de rarezas evaluando el registro después. Para nosotros, es una vecina de cada verano —como el abejaruco que cría en los taludes cercanos, o la gaviota reidora que bulle en las colonias del entorno.

Por qué venir a la Albufera a finales de verano

El momento ornitológico

Cuando el calor extremo de julio empieza a ceder, la Albufera entra en una de sus fases más interesantes. Las colonias de garcillas, garcetas y moritos están en plena dispersión postnupcial: los juveniles del año se mueven con los adultos por arrozales y canales, y la actividad en las zonas de alimentación se multiplica. Es una ventana corta —las cangrejeras emprenden su viaje de vuelta a África a partir de agosto— y especialmente buena para observación.

El escenario

Es también la época en la que el paisaje cambia. Los arrozales pasan del verde intenso al dorado previo a la siega, el contraste de luz sobre el agua es de los mejores del año para fotografía y las temperaturas, aunque todavía cálidas, permiten disfrutar de las salidas sin el agobio de pleno agosto. Hay, además, menos aglomeración de visitantes que en temporada alta.

Dónde y cómo encontrarla

La garcilla cangrejera es discreta por naturaleza —se camufla entre carrizos y vegetación densa— y localizarla exige conocer no solo la especie, sino los rincones concretos del parque natural donde la actividad de las colonias es más visible en cada momento de la temporada. Son puntos a los que no se llega por casualidad ni con un mapa genérico: forman parte del itinerario que solo se comparte sobre el terreno, con guía.

Descubre la garcilla cangrejera en su hábitat natural